No cabe ninguna duda sobre la presencia de sogas ineludibles que nos afligen. Enfermedades, limitaciones, accidentes… Del comportamiento ante esos IMPONDERABLES podemos hablar en otro momento.

Hoy me refiero a las ATADURAS a las cuales nos sometemos en exceso. Educación escolar, protocolos rígidos en la profesión o las relaciones sociales, proclamaciones ruidosas u otras coacciones.

Y al final, la CREDULIDAD campea por nuestra trama neuronal. Eso que dice fulanita, el orígen de las especies, el futuro debe ser, el ordenamiento estatal deriva del consenso general… Demasiadas afirmaciones con aires de sabidurías.

Para que descubramos con asombro la FRAGILIDAD de las mismas, al menos como la que atañe a nuestra quimeras personales. Así pues, en igualdad de condiciones, levantamos la mirada inquisitiva e ilusionada.

Nos pretenden diluir en ambientes ajenos. Pero un día descubrimos que nuestras mentes aún transitan por ABISMOS inaccesibles para el vulgo mandón.

El VUELO hacia esa libertad tiende a los infinitos sublimes. Las injerencias ajenas no alcanzan esos niveles, ni suplen su grandeza.

 

Fuente:Rafael Pérez Ortolá (cuentamealgobueno.com)
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