El desarrollo sustentable emerge hacia finales de los años ochenta como una respuesta a los crecientes problemas ambientales globales, pero también, como un reconocimiento de que sin bienestar material y desarrollo económico no podía protegerse adecuadamente el medio ambiente.
Esta posición, liderada por Indira Gandhi, primera ministra de India, ganó aceptación global con la constatación de que la pobreza no sólo generaba una significativa degradación ambiental, sino además, eran las mismas comunidades vulnerables las que se veían más afectadas por un medio ambiente degradado.
En consecuencia, desde el retorno a la democracia, el desarrollo sustentable se convirtió en el grito de batalla de los países desarrollados, organismos internacionales y gobiernos nacionales. No es sorpresa que, influido por estas tendencias, Chile haya asumido el desarrollo sustentable como el referente ideológico central en la actual legislación ambiental.
Sin embargo, con los procesos de globalización y la preocupación central por el crecimiento económico, la visión de Gandhi se desdibujó en los noventa y dos mil, estableciendo el desarrollo sustentable no como una forma de aproximarse al desarrollo económico, sino como un mecanismo o ‘relato’ para excusar las formas de desarrollo más arrasadoras. Sin contemplar equidad en la distribución de beneficios o una protección efectiva del medio ambiente, conservando valiosos servicios ecosistémicos. Por esta razón el concepto de desarrollo sustentable no sólo perdió relevancia, sino que se convirtió en una caricatura de su propósito original.
Para aquellos que nos dedicamos a la protección del medio ambiente ya sea desde las comunidades, organizaciones de la sociedad civil, universidades o en el Estado a través de la creación de políticas públicas, regulación o instrumentos económicos, resulta central establecer cuál es el paradigma desde donde pensamos y construimos el tipo de sociedad -local, nacional y global- que deseamos.
En el último tiempo, para avanzar en una agenda protección ambiental, han surgido nuevas visiones: crecimiento verde, economía verde, consumo y producción sustentables, estilos de vida sustentables, economía circular, todos aspectos que intentan reconstruir la idea original tras el desarrollo sustentable, pero que no logran abarcar la complejidad y desafío de un desarrollo económico inclusivo, integral, equitativo y ambientalmente sustentable.
En este contexto la comunidad internacional está tratando nuevamente de revitalizar el concepto de desarrollo sustentable, a través de la denominada Agenda 2030. Esta Agenda cuenta con 17 objetivos de desarrollo sustentable y 169 metas. Esta agenda no sólo destaca un nuevo concepto de desarrollo sustentable donde además del crecimiento económico, pone en el centro a las personas y su calidad de vida, reconociendo en igual importancia las tres dimensiones del desarrollo, bienestar económico, integración social, y protección ambiental. Es decir, a diferencia de la visión anterior, donde algunos argumentaban que sólo después del crecimiento económico podíamos darnos el lujo de proteger al medio ambiente o avanzar en la protección social, ahora la visión es complementaria e integrada.
Éste es el gran desafío que enfrentamos los que creemos en el desarrollo sustentable, resignificar el concepto para dotar a nuestro país, en función de la etapa de desarrollo que nos encontramos, de un modelo de desarrollo socio-ambiental con protección efectiva que asegure equidad ambiental de los territorios en favor de las personas, el planeta y la prosperidad económica, porque nadie se debe quedar atrás.

VÍA/CHILEDESARROLLOSUSTENTABLE

Fuente:  PROhumana