La equinoterapia permite mejorar notablemente la calidad de vida en niños y adolescentes con discapacidad.

equinoterapia3

El Regimiento de Granaderos a Caballo, a través de un equipo de profesionales, ofrece, en forma gratuita y por derivación médica, sesiones de equinoterapia para niños y adolescentes que conviven con discapacidades motoras y mentales.

El caballo, en su andar, tiene un efecto mecedor que estimula los músculos de todo el cuerpo, ayuda a la postura y a trabajar la simetría, al mismo tiempo que fortalece la confianza y seguridad del jinete, porque “cuando éste desciende del caballo ya siente que se ha producido un cambio”, contaron los especialistas durante una sesión.

El programa ya tiene 16 años en el país y es un gran modelo, no sólo en la región, sino en el mundo. “Cuando un niño o adolescente baja del caballo, no será el mismo que subió hace 30 minutos, antes de la sesión. El impacto de la técnica pedagógica ecuestre se ve en el cuerpo, en la cara, en la sonrisa, sostiene Marcela Aldazábal, jefa de Equinoterapia del Departamento Materno Infantil del Hospital Militar.

La equinoterapia tiene su proceso, no es simplemente subir al paciente a un caballo. Deben coincidir los dos centros de gravedad, el del caballo y el del paciente, para que la terapia tenga éxito. La sesión dura entre 30 y 40 minutos y se continúa en los talleres, “donde los chicos, desde los 3 años, vuelcan en dibujos y juegos la experiencia vivida en el picadero”, explicó Silvia Perrone, licenciada en Servicio Social.

57df097a3fd58_579x386

“A través de los talleres, Gastón pudo dejar de balbucear un sonido fuerte y discordante que producía mientras se subía y andaba a caballo. Trabajamos el miedo y el vínculo con el caballo y pudo tranquilizarse y empezar a disfrutar”, sostuvo la psicopedagoga Daniela Moreno Gramajo, también integrante del equipo, a cargo de más de 20 adolescentes.

La sesión comienza a media mañana de los martes y miércoles en un picadero. Para cuando los chicos llegan, un grupo de granaderos ya se ocupó de preparar los caballos criollos para que estén disponibles para la actividad. “El trabajo empieza ´pie a tierra´, momento en que el chico se acerca al caballo y entra en contacto con el animal, lo acaricia, le habla y se sube en doble monta con el instructor o solo, según la problemática que presente el paciente”, señala Valeria Moratorio, la instructora de equitación.

Autismo, retraso madurativo, parálisis cerebral, problemas de conducta o de aprendizaje son algunas de las condiciones con las que conviven los niños y adolescentes que acceden al servicio de equinoterapia del Regimiento de Granaderos. Desde que se incluyó a los animales en este tipo de terapias, los profesionales no dejan de celebrar el aporte que reciben del caballo criollo al que consideran una pieza clave de la terapia en trastornos de tipo motor y mental.

Fuente: Soledad Sanchez Urueña
Buenas Noticias