Descubren que la memoria no pasa de corto a largo plazo, sino que todos los tipos de memoria coexisten.

Los autores comparan precisamente la formación de recuerdos a la largo plazo con la forma en que los seres humanos procesamos el sonido.

“Al igual que el sonido se descompone por el sistema auditivo en muchos receptáculos discretos de frecuencias que se perciben simultáneamente, una experiencia en su conjunto es analizada por el cerebro en muchas ‘ventanas de tiempo’ que de forma colectiva representan el pasado”, explican Thomas Carew y Nikolay Kukushkin, los autores del estudio en la revista Neuron.

Este proceso se asemeja a una jerarquía temporal en la que varias ‘ventanas temporales’ relacionadas e información que se recuerda, trabajan juntas simultáneamente. La memoria, por tanto, no puede restringirse a un objeto o estado definido, sino que está estructurada fundamentalmente en términos de tiempo.

El tiempo, un factor clave en la formación de recuerdos

Así las cosas, los recuerdos a corto y largo plazo hacen dos cosas a la vez: por un lado, preservan la información del pasado y, por otro, determinan nuestra percepción actual de los acontecimientos.
El estudio tenía como objetivo ofrecernos una mejor comprensión de cómo funciona la memoria en los seres humanos. Concretamente, una meta clave era entender en qué circunstancias la memoria a corto plazo se convierte en memoria a largo plazo.

La investigación realizada por los especialistas de la Universidad de Nueva York sugiere que el tiempo es un factor clave en la formación de recuerdos. Y es que, los cerebros de muchas criaturas, incluidos los seres humanos, son capaces de ‘difundir’ los recuerdos en diferentes escalas de tiempo. Por esto es por lo que recordamos cosas que sucedieron hace mucho tiempo y también las de hace unos instantes.

Todas estas escalas de tiempo están asociadas a desviaciones de la homeostasis, que son todos aquellos fenómenos que ayudan al equilibrio, a la estabilidad del medio interno de un organismo.

Según los expertos, cualquier salida de esta estabilización determina la apertura de una nueva ‘ventana de tiempo’, que se cierra de nuevo una vez que se recupera la homeostasis. Con ello, se establece una ‘jerarquía temporal’ de recuerdos.

Los cambios crean una jerarquía temporal de ventanas de tiempo que alteran colectivamente el estado del cerebro en cada instante“, dicen los investigadores.

Los recuerdos dependen entonces de la forma en que los estímulos externos se desarrollan en el tiempo, agregando que “el tiempo es la única variable física que hereda “el cerebro del mundo externo”. La memoria es libre y trabaja con varias escalas de tiempo, haciendo que los recuerdos a largo plazo ya corto plazo sean igualmente importantes.

“En efecto, toda la utilidad biológica de la memoria se basa en la existencia de muchas dimensiones de la homeostasis, algunas de corto plazo y otras de más largo plazo. Las diversas escalas de tiempo de la memoria representan muchas escalas de tiempo de la experiencia pasada y deben estar simultáneamente disponibles en el organismo para serle útil”, concluyen los autores.

Fuente: Memory Takes Time. Nikolay Vadimovich Kukushkin, Thomas James Care Neuron. 2017. DOI: http://dx.doi.org/10.1016/j.neuron.2017.05.029

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