La presencia de espacios verdes promueve la actividad física, disminuye la contaminación y puede ser muy beneficiosa para los asmáticos.

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Uno de cada diez chicos nacidos en Argentina sufre de asma, una condición respiratoria crónica más frecuente en niños y causante de hospitalización y ausencia escolar. Si bien hasta hoy no tiene cura, un diagnóstico y un seguimiento de la mano de un tratamiento ayudan a mantener esta enfermedad bajo control. Y un ambiente propicio es un gran factor para su desarrollo, ya que un estudio reciente reveló que quienes viven cerca de parques y/o espacios verdes, pueden beneficiarse exponencialmente de ellos.

El estudio presentado en el Congreso de la Sociedad Respiratoria Europea relacionó el número de días que los niños sufrieron síntomas del asma respecto a la distancia de sus casas de los parques más cercanos. El trabajo concluyó en que por cada 305 metros entre el hogar y el parque, los chicos sumaban un día extra de síntomas de asma.

Para dicho estudio, Kelli DePriest y Arlene Butz, de la Escuela de Enfermería y Medicina de la Universidad Johns Hopkins y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland, entrevistaron a los padres de aproximadamente 200 chicos de entre 3 y 12 años con asma persistente, habitantes del centro de Baltimore, Estados Unidos, una ciudad con niveles de contaminación parecidos a los de Nueva York y Los Angeles. Los chicos que participaron habían sido atendidos de emergencia dos veces en un año u hospitalizados. La mayoría eran afroamericanos y sus familias tenían muy pocos recursos monetarios, por lo cual componían una población de alto riesgo.

Las investigadoras se centraron en cuántos días cada niño había sufrido síntomas como dificultad para respirar, sensación de opresión en el pecho, silbidos y tos, en las últimas dos semanas. Al mismo tiempo, con la ayuda de un mapa marcaron las distancias entre las direcciones de los chicos junto con el espacio verde más cercano.

Resultó ser que los chicos que vivían cerca de un parque tenían un promedio de cinco días sintomáticos y quienes vivían a 305 metros de distancia del parque tenían seis.

Vivir en un entorno urbano aumenta el riesgo de asma en la niñez, y los factores asociados con la vida en la ciudad -como la contaminación del aire- también son conocidos por contribuir a altas tasas de asma mal controlado”, sostuvo DePriest en el congreso llevado a cabo en Milán. “Sin embargo, investigaciones anteriores han sugerido que los niños con asma pueden beneficiarse del ejercicio. La presencia de espacios verdes promueve la actividad física y ayuda a reducir la contaminación”, añadió.

El efecto parece más fuerte para los niños de seis años o más. Esto podría deberse a que tienen más libertad para elegir dónde quieren ir en comparación con los niños más pequeños”, apuntó DePriest.

Para la investigadora, “estos resultados son importantes porque proporcionan un mayor apoyo para los beneficios de los parques de la ciudad y sugieren que las políticas de infraestructura adecuadas pueden mejorar la salud de los niños”. Y aseguró que pueden ayudar a los médicos “a tener una visión más holística de sus pacientes mediante la comprensión de cómo el acceso al espacio verde puede afectar a la salud”.

La investigadora planea profundizar su estudio analizando las relaciones entre las distintas formas de espacios verdes, incluyendo parques y jardines, y cómo esto se relaciona con los síntomas de asma infantil.

 

Fuente: Clarín
Fuente Foto: Parents Magazine

Fuente:   María Inés Villola   Buenas Noticias