Un grupo de instructores armó el proyecto Moksha-yoga en la cárcel, para llevar esta disciplina a los penales.

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En el patio del Pabellón 7 de la Unidad Penitenciaria Nº 48 de San Martín, se escuchan frases como “manos al centro del corazón, abran el pecho, ahora cobra, después tabla, respiren, pasamos a estocada y guerrero”. Pues palabras tales como “adomuka, chaturanga y uttanasana” son palabras que ya forman parte del penal y del léxico de los internos.

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Los que siguen las indicaciones son 30 internos que en silencio, descalzos y con los ojos cerrados, intentan copiar las posturas que la profesora Milagros Colombo les muestra con amor y paciencia. De fondo, los acompaña un mural multicolor que ellos mismos pintaron con objetivos a seguir: gratitud, voluntad, paciencia, resiliencia, responsabilidad, libertad y paz son algunas de las palabras que eligieron colgar en la pared a modo de incentivo.

En las dos horas de la clase, te olvidás de tus problemas. Vamos con tabla, con adomuka, con chaturanga y terminaste realiviado, relajado. Haciendo yoga te sentís libre, salís durante dos horas de este mundo. Estás tan concentrado que no querés que termine la clase”, dice Lucas Roldán, de 33 años, que desde hace ocho está privado de su libertad.

Como él, ya son 200 los internos que en siete pabellones de este penal participan de las clases de yoga que esta organización dicta desde hace dos años con el objetivo de transformar su presente y su futuro. Surgió por la inquietud de varios instructores de poder aplicar sus beneficios en estos contextos vulnerables.

“Todos pasamos por nuestra propia piel la práctica del yoga, y como para todos fue tan valioso nos preguntamos en dónde podíamos ofrecer este tesoro”, dice Colombo, de tan sólo 29 años. “Y obviamente la cárcel es un sector dejado de lado en muchos aspectos, así que desde el corazón o desde la inteligencia, si mientras los chicos están acá pueden generar un cambio, cuando salgan tienen otras posibilidades y nosotros también, otros vecinos”.

Lucas Roldán sabe que el yoga le cambió la vida. Y por eso espera ansioso a que llegue el jueves para poder practicarlo. A veces, incluso, se reúne por las mañanas con otros compañeros para hacer algunas posturas. “A esa hora es más lindo porque se escuchan los pájaros. A veces la gente piensa lo malo de uno por estar detenido por robo o por matar a un policía. Y capaz creen que nos tenemos que pudrir en este lugar. Yo acá logré un cambio enorme“, dice convencido.

Además, Roldán es parte de un grupo de internos de máxima seguridad que va con voluntarios de Moksha a pabellones de mediana seguridad a dar clases de yoga. Allí se encuentran los detenidos por delitos sexuales, que no son bien vistos por el resto de los internos. “Esa fue otra puerta que se abrió. Esto es reintegración, como dijo el Papa. No hay que discriminar al otro, somos todos humanos. Cuando me invitaron ni lo dudé. Estamos todos presos, ellos tienen sus problemas y nosotros los nuestros. Como nos dieron una oportunidad a nosotros, nosotros se la queremos dar a ellos”, agrega Roldán.

La puerta de entrada de Moksha al penal de San Martín se la dio Eduardo “Coco” Oderigo, fundador de Los Espartanos, el equipo de rugby que armaron con internos. Después el proyecto fue creciendo a medida que otros pabellones pedían tener clases, incluidas las mujeres en la Unidad 47.

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Gabriel Márquez Ramírez es el capitán de Los Espartanos, y para él, el yoga es una pasión. “Hace dos años llegaron las profes que nos vinieron a enseñar la filosofía de yoga y todo lo que nos hace para uno mismo. Lo hago todos los días porque me gusta, te nivela, te relaja, te saca los malos pensamientos, me hace bien al físico y a la mente. Amo hacer yoga”, dice este joven de 24 años.

Y agrega: “Espero el día de mañana poder ser profe para enseñarles a otros lo que me enseñaron a mí. El yoga es algo que te va limpiando el cuerpo y la mente, te vas nutriendo mejor y haciendo una mejor persona. Acá el clima cambió mucho”.

Ya son 15 los instructores que participan de Moksha, que busca convertirse en una asociación civil. Por ahora, se financian sólo con donaciones particulares y quieren seguir creciendo.

Fuente: La Nación.
Fuente Foto: Mundo Villa, La Nación.

Fuente: María Inés Villola
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