El barrio de Buderim, en la ciudad de Queensland, Australia, se ha convertido en una zona de “Urban Food Street” gracias a los cultivos de la comunidad, que han hecho de la calle, una huerta urbana.

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Todo comenzó con una discusión típica entre vecinos sobre el precio de los limones, y cómo, en vez de pagar estos exorbitantes precios en los locales, podrían hacer crecer y cosechar ellos mismos los mismísimos limones.

Así fue como comenzaron plantando 10 árboles en Clitheroe Ave. Y hoy, si te paseas por la misma calle, verás olivos, canteros de papas, de tomates cherry, zapallos, bananos, caquis y muchos otros más.

El espacio proviene de donaciones de las familias, que cedieron parte de sus veredas y colaboran también monetariamente. Pero además, el tiempo es otro factor clave ya que de eso depende la dedicación que cada miembro le da al cuidado de las plantaciones. Allí todo el mundo se saluda amablemente y atiende los cultivos de todos; y puede que parezca de una época remota y hasta anticuado, pero para los habitantes del barrio de Buderim es el futuro.

Caroline Kemp tiene un título de arquitecta y es una de las principales figuras de esta revolución orgánica; sin embargo, ella no es ninguna máxima autoridad ni tesorera del proyecto, ya que esto es un “colectivo” sin políticas ni burocracia.

“Estamos hablando de lo que la gente ha hecho tradicionalmente en sus patios traseros y lo hemos trasladado a la calle”, explica Kemp. “Desde el punto de vista arquitectónico hay una teoría sobre el nuevo urbanismo, que trata sobre el potencial de nuestros suburbios para responder al diseño urbano de manera diferente”.

Es temprano, ya que los nuevos árboles son pequeños todavía, pero la idea es eventualmente borrar el paisaje urbano desde un punto de vista de diseño y ocultar las casas detrás de los árboles, lo que crea sombra y enfría el ambiente.

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La revolución que comenzó con una simple discusión entre vecinos sobre el precio de los limones, hoy ya reúne a 200 familias distribuidas en 11 calles. En simplemente un año, la iniciativa produjo unos 900 kg de bananas más una cantidad enorme de repollos, acelgas, tomates, limones, manzanas y más hortalizas y frutas. Y cabe destacar que la receta para el éxito fue nada más y nada menos que la participación y la atención de toda una comunidad unida a favor de una causa.

“Se trata de activar una calle residencial y hacer que la gente se involucre y actúe en su área local y, por supuesto, se trata de comida, saber de dónde proviene su comida y conseguir seguridad alimentaria”.

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Cualquier vecino puede beneficiarse de lo que produce, sin restricciones. Incluso la gente que ha plantado dentro de sus propiedades permite que los demás vecinos tomen lo que necesiten, y entre todos se coordinan las tareas para mantener el banco de semillas, repartirse la labor de la siembra y gestionar el tema del agua para el riego.

Una vez más, inclusión social, educación, salud y bienestar se reúnen en un proyecto al servicio del ambiente.

Fuente: Buena Vibra.
Fuente Foto: Buena Vibra, Urban Food Street.