
Aunque Ester dio nombre a un libro del Antiguo Testamento que ha pasado a la posteridad, esta reina de la Biblia tuvo, sobre todo, un destino tan trágico como singular…
Entre los libros históricos del Antiugo Testamento de la Biblia encontramos el de Ester. En un principio, Ester se llamaba Hadassa, que significa «mirto» en hebreo. No fue hasta que entró en el harén del rey persa Asuero cuando adoptó el nombre de Ester, ya que deseaba ocultar su origen judío, tal y como le había recomendado su tío Mardoqueo. La reina persa de entonces se llamaba Vasti, pero, tras otra desobediencia que disgustó profundamente al rey, fue destituida. Por lo tanto, el monarca necesitaba una nueva esposa. Ahora bien, la fama de la belleza de Ester ya se había extendido por toda la corte de Asuero…

Una reina judía ante una conspiración
Su consagración tuvo lugar cuando Ester fue presentada ante el rey, tal y como relata el Libro del Antiguo Testamento:
«Y el rey la prefirió a todas las demás mujeres. Ella se ganó su benevolencia y su favor más que todas las demás doncellas. Él le puso sobre la cabeza la corona real y la nombró reina en lugar de Vasti» (Est 2,17).
A continuación se celebró un gran banquete en presencia de los príncipes y siervos del rey, en el que se repartieron numerosas generosas dádivas. Pero las nubes no tardaron en cernirse sobre la corona de la nueva reina cuando se urdió una conspiración contra ella y su pueblo.
Su tío Mardoqueo había ofendido al gran visir Amán, quien deseaba entonces su perdición. Al enterarse Amán de que Mardoqueo y la reina eran de origen judío, intentó convencer al rey de que eliminara a todos los judíos con el pretexto de que no obedecían las costumbres y tradiciones del reino, omitiendo decirle —por supuesto— que la soberana se contaba entre ellos. Se concedió carta blanca a Amán para exterminar a todos los judíos, y con ellos a Ester y a su tío…
La segunda consagración de Esther
Así pues, se firmó un decreto que ordenaba exterminar a todos los judíos a espada, incluidas las mujeres y los niños. Ante este peligro inminente, la reina Ester se dirigió al Dios de Israel con una conmovedora oración de intercesión, que desde entonces ha pasado a la posteridad:
«Señor mío, nuestro Rey, tú eres el Único; ven en mi ayuda, pues estoy sola, no tengo otro socorro que tú, y voy a arriesgar mi vida» (Est 4,17L).
La respuesta que Dios dio a esta larga oración nos permite apreciar la fuerza de la oración llena de confianza de aquella que, a pesar de poseer todas las riquezas y honores, corría el riesgo de perder su vida, así como la de su pueblo, a causa de la conspiración de Amán… Y es que, tras haber rezado, la reina, aunque abatida, se atrevió a presentarse sola ante la corte del rey para revelar todo lo que había urdido su primer ministro, Amán. Este último, presa del pánico, tuvo entonces un gesto de familiaridad hacia la reina y se ganó así la ira del rey, quien lo condenó a ser ahorcado en la horca inicialmente prevista para Mardoqueo.
¡La divina Providencia había cambiado el funesto curso de los acontecimientos, Amán estaba perdido, Ester y su pueblo a salvo! Desde entonces, los judíos celebran el recuerdo de esta liberación durante la fiesta de Purim, en febrero o marzo, según el año. Aunque estos acontecimientos tal vez pertenezcan a la leyenda, lo cierto es que nos revelan toda la fuerza de la oración de intercesión…
Fuente: Philippe-Emmanuel Krautter
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