También fabricaron moléculas útiles para hacer piensos de animales.

Científicos de la Universidad de Tubinga, al suroeste de Alemania, y la Universidad de Cornell, en Nueva York, han descubierto la manera de generar combustible a partir de los desechos producidos en la elaboración de yogur griego, residuo que también sirve para alimentar a animales. Publicado en la revista especializada en energía Joule, el estudio fue elaborado por Jiajie Xu, Jiuxiao Hao, Juan J.L. Guzman, Catherine M. Spirito, Lauren A. Harroff y Largus T. Angenent.

El proceso de fabricación del yogur griego, cuyos residuos resultantes son lactosa, fructosa y ácido láctico, ya había sido aprovechado para generar electricidad, aunque con pobres resultados. “Este suero y otras corrientes de desechos se han convertido con éxito en gas metano mediante digestores anaerobios con cultivos abiertos de consorcios microbianos (microbiomas). Sin embargo, los ingresos del metano han sido relativamente bajos”, indica el estudio.

Es por eso que los investigadores han optado por otros métodos para aprovechar el suero ácido resultante de la producción del yogur: se lo dieron a bacterias a modo de alimento, y los microorganismos generaron moléculas útiles para fabricar ácido caproico y ácido caprílico. Se trata de dos compuestos que sirven para complementar el pienso y, con el procesamiento indicado, para usarse como base de biocombustible para aviones.

“Aquí, mostramos que el suero ácido se convirtió en valiosos ácidos carboxílicos de cadena media (MCCA), como ácido n-caproico (ácido n-hexanoico) y ácido n-caprílico (ácido n-octanoico), sin la adición de aceptores de electrones externos. Las MCCA pueden ser precursoras de biocombustibles o productos químicos o pueden usarse como antimicrobianos verdes o aditivos para la alimentación del ganado”, explica la investigación.

El hallazgo es de suma importancia, más considerando que la producción de este yogur está creciendo rápidamente. De hecho, en el estado de Nueva York se triplicó, pasando de 106 000 a 315 000 toneladas entre 2007 y 2012. Los científicos analizan llevar este sistema a otros residuos.

Fuente:Belén Yarde Buller
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