Mi amiga: la Literatura

“Los libros te esperan”, escuché una vez y ya se hizo un mantra. Ellos están aguardando que alguien los tome para disfrutarlos o interpelarlos, da igual, su ambicioso objetivo es movilizar, conmover, que ese lector que lo abra y lo lea se cuestione la realidad a partir de mundos ficcionales. Quizá hoy no lo consigan, pero diez años después sean el motivo de lágrimas, de replanteos, de reflexiones. Están esperando por las manos que los escojan, en su debido momento.

Existen perlas en las que nadie reparó y otros que son clásicos universales, existen nuevos
bestsellers y obras antiguas que son el terror de los jóvenes; si de gustos se trata: un MUNDO de canones.
Con lluvia, mate y ventana, en un día soleado sentados en el jardín, en compañía o en la más profunda soledad, para divertirnos, para sentirnos comprendidos, por amor a un género, por admiración a un autor… en cualquier momento, por múltiples circunstancias y por diferentes motivos.

El siglo XXI, con su rápido avance tecnológico, el mundo de las imágenes y emoticones que
reemplazan a las palabras, pone en riesgo la capacidad de imaginar; como consecuencia, nos cuesta mantener la concentración más de unos minutos, focalizar la atención en un texto impreso. Cuando nos rodean constantemente las pantallas y pestañas interactivas que pretenden cautivarnos, la vida fuera de los aparatos se nos vuelve un poco más indiferente.

¿Quién no excusó “falta de tiempo” para un encuentro cuando sabe que con un capítulo menos de la serie lograba estar presente? ¿Quién no se perdió mirar a los ojos de sus abuelos por
observar el móvil que marcaba notificaciones constantes? ¿Quién no se ocupó de las últimas novedades de espectáculo sin haber modulado un “cómo te fue en el colegio, hijo” “contame sobre tus proyectos, mi amor”, “amigo, te noto con expresión triste, cómo puedo ayudarte”?

Claro que desde las computadoras podemos realizar acciones muy positivas como donaciones, colaborar con problemáticas de todo tipo y tal, pero muchas veces descuidando a los más cercanos y perdiéndonos en el camino.
En la actualidad, se nos da y queremos todo hecho, el facilismo es la primera opción, no
reparamos en la pérdida de tolerancia, ni nos percatamos de la falta de libertad para crear
mundos e imaginarlos. Se dificulta entender otras posturas porque si no la muestran y no veo opciones diferentes no creo que existan. Lo empírico y comprobable parece ser lo más
importante ¡Qué desafío escapar de lo resuelto!

No considero que todo tiempo pasado sea mejor, pero, sí creo fervientemente que si lo
contemporáneo trae consigo la pérdida de valores como la paciencia y la tolerancia al no poder ni imaginar posibilidades distintas a la mía, debiéramos rescatar de las garras del olvido esa maravillosa actividad que es la lectura (quizá fusionándola con los nuevos formatos digitales) donde leyendo o escribiendo podamos descargar emociones, realizar catarsis, ponernos en el lugar de los personajes, fantasear, desear, disfrutar, EMPATIZAR.

Que la vorágine del mundo actual y tecnológico sea para humanizarnos y no para limitar nuestras capacidades. Que las pantallas estén al servicio del hombre y no sea el hombre esclavo de las máquinas.

Propongo quince minutos al día menos de redes sociales, en favor de quince minutos
sumergidos en literatura.

Vos:¿estás dispuesto a adentrarte en un mundo que lejos de dar respuestas rápidas, te permita el trabajo de crearlas?

Fuente: Victoria Paschetta.- Profesora de Letras – Corresponsal de RBN

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