A sesenta y cuatro años del primer implante coclear, las personas con hipoacusia (disminución o pérdida total de la audición), junto a sus seres queridos, agradecen aquel momento histórico donde lo que era un deseo se hizo realidad: recuperar lo que tiempo atrás parecía no ser posible. Esta tarea fue realizada por dos médicos franceses Djourno y Eyrès, en 1957.

La discapacidad mencionada, condiciona a las personas que la padecen, sobre todo, en los primeros años del desarrollo ya que no solo dificulta la escucha y el habla sino, también, la actividad intelectual y la relación con sus pares.

Los implantes estimulan las fibras nerviosas auditivas remanentes para producir impresiones sonoro-auditivas en los que prácticamente no hubo resultados con el empleo de audífonos. La selección y preparación del paciente candidato a realizar la intervención coclear requiere de la asistencia de un verdadero equipo multidisciplinario que incluya audiólogas (con amplia experiencia en audiología infantil, en los casos pediátricos), médico otorrinolaringólogo (con experiencia en otología), psicólogo, foniatra y neurolingüista, estimuladoras y rehabilitadores del lenguaje, equipo de imágenes, y otros profesionales, si el paciente cuenta con patologías asociadas.

Los resultados con los implantes varían ampliamente de un paciente a otro, incluso puede tardar años obtener avances significativos por lo que es importante que la persona se encuentre motivada.

Una vez más, la tecnología acudiendo al llamado de la vulnerabilidad.

 

Fuente: conlagentenoticias.com

Victoria Paschetta corresponsal de RBN