Estudios recientes en neurología muestran lo importante que es el silencio para el funcionamiento del cerebro.  El ruido provoca en el cerebro la activación del mecanismo de huída o lucha, es decir, una reacción de estrés.
Cuando el ruido es constante aumentan los niveles de cortisol, los niveles de glucosa en sangre, la presión arterial, y se desencadenan las peores consecuencias del estrés crónico. El ruido ambiental aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El ruido afecta a la capacidad de los niños para aprender, y en los adultos puede provocar o empeorar la depresión y la ansiedad. Cuando además el ruido afecta al sueño, estos efectos se multiplican.
La investigación científica sobre los efectos positivos del silencio es relativamente reciente.
Dos horas al día de silencio (algo que mucha gente puede encontrar imposible) proporcionaban el mayor efecto sobre la neurogénesis.

La investigación científica sobre los efectos positivos del silencio es relativamente reciente. En 2006 el doctor Bernardi estaba estudiando los efectos de la música en la relajación, y se dio cuenta de que el mayor estado de relajación se alcanzaba, no con las obras musicales más pausadas, sino durante las pausas en silencio entre pieza y pieza.

Se sabe que el deporte estimula el crecimiento de neuronas en el hipocampo, la parte del cerebro que se encarga de la memoria. Los investigadores se preguntaron si se podía conseguir el mismo efecto (en ratones) usando sonido. Primero probaron con un tono continuo, y luego con Mozart. Pero lo único que hizo a las neuronas multiplicarse fue el silencio. Dos horas al día de silencio (algo que mucha gente puede encontrar imposible) proporcionaban el mayor efecto sobre la neurogénesis.

El silencio también es el espacio mental en el que se activa la red de modo por defecto, un sistema dentro del cerebro que actúa cuando reflexionamos sobre nosotros mismos, y define nuestra identidad. Cuando estamos ocupados en una actividad, esta red se inhibe, pero cuando cerramos los ojos y estamos en silencio (como ocurre durante la meditación), la red de modo por defecto se activa. Es decir, el silencio es lo que nos permite tener una vida interior.

El silencio también es necesario para “recargar las pilas” del cerebro tras el daño causado por el ruido, algo que cualquiera sabe de modo intuitivo después de pasar varias horas en una discoteca. Cuando nos forzamos a prestar atención a algo (incluyendo el ruido) durante mucho tiempo, nuestro cerebro se fatiga. Determinadas actividades como estar en un entorno natural y en silencio se han calificado como “restauradoras” de la capacidad del cerebro para prestar atención.

Fuente: Prevención Integral

Counselor Viviana Martinez  –  Corresponsal de RBN