MANTENTE HUMILDE

TU MIRADA EN EL CIELO Y TUS PIES EN LA TIERRA

Y de repente, un día me di cuenta que no soy eterno… ¿lo habías pensado?

Seguramente sí, claro… ¿quién no se ha parado a pensar en que este “accidente llamado vida” (como le llamaba mi querido amigo Fernando Moreno QPD) tiene sus días contados.

La verdad es que todos lo hemos pensado, pero realmente ¿lo hemos aceptado? Quiero decir, ¿hemos interiorizado y comprendido que el día que nacimos éramos lo suficientemente viejos como para morirnos?

Pues la verdad es que llevo años hablando de esto en mis conferencias y me doy cuenta que la mayoría de las personas “miran para otro lado” cuando se trata de hablar de morirse… algo tan natural… como la vida misma 😉

Somos seres que acumulamos. Nos pasamos la vida acumulando cualquier cosa… juguetes, ropa que no usamos, libros que no leemos o que ya leímos y que los exhibimos como trofeo en nuestras estanterías. Acumulamos dinero, regalos, conocimiento… y hasta kilos de más… Pero dejamos pasar lo único que merece la pena que acumulemos… experiencias. Ya sé que lo ideal sería que acumulásemos tiempo, pero no se puede.

Todo va y viene… el dinero, la salud, los amigos, pero el tiempo va y no regresa jamás. El tiempo vivido sin consciencia y sin pasión no acumula nada, simplemente tiramos por el retrete horas de las que se componen tus semanas, tus meses, tus años, tu vida. Y las dejamos ir… sentados delante de un televisor o de las redes sociales viendo cómo le va la vida al vecino o lo que es peor, jugando al juego que quieren que juguemos nuestros “aspirantes a políticos” , que saben que nos necesitan divididos para mantenerse ellos en el poder.

El tiempo no vivido con intensidad es agua en arena de desierto, desaparece y no queda ni rastro.

La única manera de que ese tiempo merezca la alegría y no la pena, es que le metas vida al tiempo.

Haz que merezca la alegría cada segundo de tus días, acumula experiencias… este será el único tesoro que podrás llevarte de aquí el día que se te acabe este maravilloso regalo (con el permiso de mi amigo y mentor Fernando, me gusta más esta metáfora) .

Experiencias son momentos vividos con intensidad, exprimiendo los segundos como si fueran gotas de agua en una boca sedienta… cada gota cuenta.

Pero el ego y el orgullo nos mantienen descentrados de quienes somos y de lo que venimos a hacer aquí. Acumulando trofeos materiales con la esperanza de sentirnos mejor y más importantes cada día.

Decía uno de mis grandes maestros, Jim Rohn: “Nunca vi pasar un camión de mudanzas detrás de un coche fúnebre”.

Tengas lo que tengas… se quedará aquí. Te irás con lo que viniste, con nada, bueno perdón, con las experiencias vividas. Este es tu gran tesoro.

Mantente con los pies en el suelo, no dejes que el orgullo se apodere de ti. No sientas que eres más que otro por aquello que tienes o aquello que has estudiado. La vida no se mide por títulos, ni por dinero, ni por posesiones. Tampoco se mide por resultados logrados, se mide por momentos que hicieron que tu piel se “pusiera de gallina”, que tu pulso se acelerara, que tus emociones te hicieran llorar de alegría, de intensidad puesta en la vida. Se mide por vidas tocadas, por almas salvadas de una muerte en vida.

Nos toca despertar. Nos toca darnos cuenta que este maravilloso regalo que Dios nos ha hecho de respirar cada día, merece la alegría ser tomada en serio… ¿no te parece?

Pon los pies en el suelo y pisa firme, siempre soñando, siempre planificando el siguiente paso, siempre poniendo acción, siempre pa´lante, siempre dándolo todo, siempre acumulando experiencias y lo más importante… siempre manteniéndote humilde.

Humilde viene de “humus”, tierra.

Ser humilde, no es otra cosa que mantener tus pies sobre la tierra y saber que esa tierra que pisas, cubrirá tu cuerpo un día.

Que cada uno piense de sí mismo con cordura, decía Saulo de Tarso. Con cordura! Guau, no con locura… con cordura. Esto es humildad.

Fuente: Pepe Cabello
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