Lo que en 1989 empezó como un sueño de voluntarios, hoy tiene cimientos firmes y es la esperanza de muchas familias que vienen desde diferentes partes del país cuando aparece el diagnóstico de cáncer infantil

Por Franco Albornoz

La vida le impuso a Fernando Nicolás Berardi un partido durísimo, cruel e injusto. Los médicos le habían detectado cáncer y debía someterse a un trasplante de médula en Israel, por el cual sus padres y amigos iniciaron una campaña para recaudar fondos. Inmediatamente, se inició una suerte de «revolución» solidaria y muchos aportaron sus donaciones. Fernando era un adolescente de “clase media”, pero entre pinchazos y dolor, supo de otros pacientes que no tenían la posibilidad de asumir los costos que implicaba un tratamiento. Lamentablemente, el 17 de febrero de 1990 falleció. Aunque antes de partir tuvo una última voluntad: quiso que lo recaudado para su intervención tenga un fin noble y decidió donarlo al Centro de Apoyo Integral Hematológico, Oncológico y Trasplantes (Cenaih).

Paradójicamente, la muerte de Fernando sembró esperanza y vida en muchos, porque con ese dinero la institución adquirió su primera casa por medio de la cual brinda alojamiento gratuito los 365 días del año a pacientes oncológicos que llegan a Rosario para realizar sus tratamientos médicos.

Así fue que el 18 de abril de 1990, Cenaih compró su primera sede, ubicada en calle Gaboto 1335. Años más tarde, logró conseguir otra propiedad en Pasaje Sarandí 3080. “El gesto de Fernando es la prueba de que una sociedad solidaria la construimos entre todos y que ese legado permanecerá y perdurará más allá de nosotros. Hoy tenemos la posibilidad de alojar a 11 familias en simultáneo y en el último año le dimos alojamiento a 74 familias de la provincia de Santa Fe, pero también de Chaco, Mendoza o Salta. Algunas de bajos recursos y otras a las que no les alcanza para sostener muchos meses un tratamiento lejos de su hogar de origen”, explicó a CLG Daniela Fambrini, secretaria de la organización sin fines de lucro.

Para llevar adelante el día a día, con todas las complejidades que eso conlleva, Cenaih cuenta con dos comisiones: una directiva y la otra revisora de cuentas. “Nos encargamos de la gestión. Organizamos por ejemplo actividades de acompañamiento terapéutico y jornadas lúdicas para los niños, niñas y sus familias. Todos esos profesionales surgen de las comisiones: hay psicólogos, psicopedagogos, abogados, ingenieros agrónomos y también diseñadora gráfica”, agregó Fambrini, quien destacó que ese trabajo se complementa con un equipo de 50 voluntarios. “Se convoca a la actividad pensando quién puede ayudar en función de sus posibilidades y vamos avanzando”, explicó.

Cumplir con la misión no es sencillo, y muchas veces el factor económico pone obstáculos en el camino. Es por eso que Cenaih propone diversos mecanismos de financiación para todo aquel que quiera ayudar. “Nos financiamos cuotas de los socios con donaciones de privados o de otras ONGs, como la Fundación de la Bolsa de Comercio de Rosario que dos veces por año hacen aportes”, expuso la integrante de la organización. “También tenemos un convenio de derivación de pacientes con la Municipalidad de Rosario y un programa de padrinazgo con empresas privadas por la cual la firma hace un aporte mensual y hay una habitación que lleva el nombre de esa empresa”, profundizó.

 

“Es triste cuando son niños o niñas, no lo podés entender, hablar de cáncer en los más pequeños es terrible, a nadie le gusta escuchar o saber que los chiquitos tienen cáncer. Es una palabra que está estigmatizada en grandes, mucho más en los chicos. Cuando alguien se va de alta todos festejamos. Y en contraposición las pérdidas son difíciles. Cada uno de los integrantes de Cenaih la transita de manera diferente”, añadió.

Un corazón nuevo para Cenaih

El proyecto “Un corazón nuevo para Cenaih” contempla una obra de adecuación en la sede Fernando Berardi. Se trata de la puesta a punto y reacondicionamiento de los espacios comunes que comparten los alojados durante su estadía y que contempla la cocina, el comedor y los baños de la planta baja de la casa. Es una obra integral que responde a brindar mejores condiciones de accesibilidad y alojamiento a los alojados que comparten la mayor parte de su tiempo en este espacio.

Según explicó Fambrini, el objetivo central es lograr que el “corazón” de la casa se transforme en un lugar más habitable, en el cual las familias alojadas puedan compartir un almuerzo o una cena en un espacio integrado, para lograr un gran ambiente único donde los adultos puedan cocinar y no tengan que preocuparse de que los niños puedan tener algún accidente doméstico.