En este último tiempo mucho se habla en el ámbito corporativo acerca del Propósito de la empresa u organización. En la mayoría de los casos, con tanta liviandad, sin mayor argumento y casi que repitiendo un libreto de marketing barato.

Esta situación llamó mi atención, porque creo entender mínimamente lo que implica poder decir “tengo un Propósito”, algo que por lo menos yo, asocio más con la Voluntad del Alma que con un mero enunciado vacío.

Pero antes de ello, es necesario analizar algunas aristas de lo que se intenta abarcar cuando alguien se refiere al “Propósito de la Empresa”, como algo nuevo que ahora “hay que tener” para no quedarse fuera de moda.

Estimo que al igual que yo, quienes alguna vez en su vida hayan firmado un Estatuto de una Sociedad Comercial deber haber al menos leído una parte en la que los accionistas deben definir el Propósito de la Empresa. Por tanto, si se les acerca algún consultor o consultora intentando vender una asesoría para “ayudar a convertirte en una Empresa con Propósito”, mi mejor consejo es que le descartes porque probablemente es una persona que no sabe muy bien de qué está hablando (sin ánimo de ofender a nadie).

Porque todas las empresas cuentan con un Propósito. Que lo definen sus accionistas, y que usualmente se completa “así nomás” en la ansiedad de la conformación de la sociedad, pero lógicamente forma parte de un proceso que deberíamos tomarnos con mayor detenimiento y hasta con un cierto grado de meditación. Crear una empresa es crear miles de oportunidades a futuro, porque cuando se firma un Estatuto de una Sociedad, uno lo hace pensando en ese momento que esa empresa durará al menos 99 años.

Los otros días, un guía de un Museo Gauchesco de Buenos Aires, me contaba que la primer marca registrada en la Argentina fue la de la Hesperidina, creada por quien fuera el fundador de la empresa Bagley. Y eso ocurrió en 1876. Luego de su muerte en 1880, la empresa que fundó le sobrevivió por más de un siglo, convirtiéndose en sinónimo de Galletitas para todos los argentinos.

Este ejemplo también nos sirve para ir entrando con más profundidad en el tema. El Propósito es algo que uno encuentra en un momento determinado, como una llamada a la acción, y que luego debe ir sirviéndose de diversos vehículos para llevarse adelante a lo largo del tiempo.

De alguna manera está vinculado a un “proceso evolutivo”, y esto nos sugiere -en general- un desarrollo desde adentro hacia afuera, a su vez que la posibilidad de dejar una suerte de “potencia instalada” en el seno de la organización. Porque el Propósito para una Empresa, es aquél que se define como un ideal en un momento determinado, pero se debe trabajar día a día en equipo.

Una de las mejores definiciones que conozco de la evolución es “el desenvolvimiento de un continuo y creciente poder de responder”. ¿Y se acuerdan qué era la Responsabilidad Social? Sí, la habilidad para responder.
Este “creciente poder de responder” es el que al final del día, eleva a la organización hacia arriba, al ideal de una existencia unificada entre su Propósito (dado por los fundadores accionistas) y el Propósito de cada uno de quienes hoy la integran.

Es por esto que decimos que hablar del Propósito a la ligera no es posible, al menos no para quienes tenemos un cierto conocimiento de las filosofías de oriente y occidente.
El Propósito de una empresa es el que ayuda a fusionar unidades negocio, gerencias y grupos de trabajo. Por ello es muy importante tomarse un tiempo de reflexión necesario al momento de establecerlo. Y si ya lo hicimos sin prestar mucha atención, el proceso de revisión debe ser profundo e involucrar principalmente a quienes tienen hoy día el liderazgo de la organización.

Un error común que se ve en este tiempo, es el de incentivar las llamadas “metodologías ágiles” para “redefinir el Propósito” con la participación de personas que quizás en 5 años (por ser optimistas) ya no estén más en nuestra empresa. Que es diferente a hacerlos partícipes del proceso de consecución de esa redefinición lograda por la Alta Dirección, lo cual sí es deseable para tener mejores chances de poder cumplir efectivamente ese Propósito redefinido.

El Propósito define qué tipo de Empresa será la tuya

Volviendo al punto sobre aquello de que “no existe ninguna empresa sin un Propósito”, es conveniente detenerse aquí en algo no menor: el Propósito que defines para tu empresa será, en definitiva, el que determine qué tipo de empresa será. Y las opciones no son más que dos: 1) una empresa egoísta, que se ocupa simplemente de lo objetivo y lo tangible, y ciertamente “proteccionista” de sus logros; y 2) una empresa con coherencia grupal, constituida a partir de múltiples individualidades pero todas enfocadas en un mismo objetivo, donde los nombres no tienen importancia porque son guiados por un Propósito hacia un bien determinado.

Ahora bien, como también señalaba más arriba, el principal escollo radicará entonces en encontrar a aquellos sujetos que puedan alinearse con mi Propósito empresarial, y que éste le sirva de algún modo de plataforma para poder encontrar o cumplir el suyo personal.

Porque cuando hablamos de personas, el Propósito ya es algo más vinculado con nuestra propia Alma, es aquello que venimos a cumplir en esta vida para seguir avanzando en nuestra evolución humana. Podemos tardar toda una vida en descubrirlo, por lo que es poco probable que alguien a los 20 o a los 30 lo tenga ciento por ciento claro (aunque puede haber contadas excepciones de personas muy evolucionadas en su plano espiritual).

Por esto mismo, es que no se puede hablar a la ligera del Propósito en el plano empresarial. Porque involucra muchas etapas, pero principalmente, a las personas que trabajarán para tu empresa y que en general no van a estar alineadas desde lo más profundo de su Ser a esa visión definida.

¿Qué hacer entonces?

Tener en claro que tu empresa, además de cumplir su objetivo comercial, puede también generar impacto en otro nivel. Y esa es la ventana de oportunidad para que puedas pensar en qué Propósito definir para su futuro desenvolvimiento.

Pero antes de sentarte en una mesa a lanzar ideas sobre algo que aún no tienes tú mismo/a definido, deberías empezar a hacer tu propio trabajo de búsqueda personal. Conocerte mejor; reconocer tus emociones; y cuando seas capaz de dejar de pensar en lo que no quieres para pasar a pensar en lo que sí quieres para tu vida, allí, estarás un paso más cerca de poder acercarte a tu Propósito personal.

Fuente:Fernando Legrand
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