El joven científico Nikola Tesla lo tenía todo para triunfar. Pero en su lucha por imponer la nueva tecnología de corriente alterna se encontró con Thomas Edison, relegándolo al virtual olvido antes de que la historia finalmente demostró que tenía razón.

“Solo conozco a dos grandes hombres en esta tierra y tú eres uno de ellos. El segundo es este joven…”. En mayo de 1884, un joven Nikola Tesla, de 28 años de edad y hasta entonces empleado de la Compañía Edison en París, se dirigió con esta carta de recomendación a Thomas Edison, con quien debía trabajar en Nueva York para mejorar la calidad de la red eléctrica de la ciudad. Aunque la colaboración llegó a ser muy fructífera, apenas duró seis meses y acabó bastante mal.

Mucho menos popular y conocido que Thomas Edison, hoy en día Nikola Tesla es considerado como uno de los ingenieros e inventores más creativos de finales del siglo XIX. Junto a George Westinghouse era un gran defensor de la corriente alterna tanto para el transporte como para la distribución de la electricidad. Y se opuso violentamente a Edison, quien apostaba únicamente por la corriente continua.

A principios de la década de 1890, lo que se conoció como la “guerra de las corrientes” fue tan intensa y violenta que el propio Thomas Edison no dudó en financiar al inventor de la silla eléctrica, Harold P. Brown, para demostrar que la corriente alterna era bastante más peligrosa que la corriente continua. De hecho, cuando la silla eléctrica fue utilizada por primera vez, en el mes de agosto de 18890, los técnicos subestimaron la tensión necesaria, hiriendo de forma horrible al condenado.

Pero, aunque la corriente alterna finalmente prevaleció, por aquel entonces no trajo ningún tipo de notoriedad a Tesla. Al contrario, a diferencia de Edison, murió en enero de 1943, endeudado, sin un centavo y dejando tras de sí 300 patentes. No obstante, en 1884, Tesla no tenía motivos para dudar de su futuro.

Nacido en 1856 en lo que hoy día conocemos como Croacia, hijo de un sacerdote ortodoxo, Tesla destacó desde muy temprano por sus grandes aptitudes intelectuales, su don de visualización (que le permitía prescindir de diagramas y modelos) y su fenomenal memoria.

En el año 1875 Tesla consiguió ingresar en el Politécnico de Graz, en Austria, donde estudió física, mecánica y matemática. Licenciado tres años después, encontró un puesto de asistente en Marburgo. Poco después, en 1881, trabajaba en Budapest como ingeniero en la Oficina Central de Telégrafos, hasta convertirse en ingeniero jefe de la compañía telefónica.

No obstante, fue al año siguiente, en 1882, cuando la compañía eléctrica Edison decidió contratar a Nikola Tesla. La empresa, fundada un año antes por Charles Batchelor, uno de los socios más cercanos de Thomas Edison, la empresa se encargó de instalar lámparas incandescentes y dinamos desarrolladas por Edison en Francia.

Desde un principio, Tesla destacó por su arduo trabajo, ya que empezaba a trabajar a las 10 de la mañana y acababa a las 5 de la madrugada, además de por sus excelentes conocimientos de física y matemática.

De hecho, el propio Batchelor quedó impresionado por la creatividad de su ingeniero, hasta el punto de enviarlo a todas partes con la finalidad de reparar o mejorar los equipos instalados por Edison. Fue durante una de esas misiones cuando Tesla diseñó un motor de inducción que utilizaba corriente alterna, permitiendo transportar electricidad a voltajes más elevados y a distancias más largas. Dada la innovación del invento, la técnica, sin embargo, no consiguió el interés esperado. No en vano, la compañía eléctrica Edison no estaba lista para cuestionar todo su sistema.

Convencido de su trabajo, Charles Batchelor no dudó en recomendarlo a Thomas Edison…

Thomas Edison
Foto: Istock

“¡Así que aquí está nuestro ingeniero parisino que trabaja toda la noche!»

Estas fueron las palabras de bienvenida que Thomas Edison pronunció ante la llegada de Nikola Tesla en junio de 1884. En ese entonces, con 37 años de edad, a quien la fama le había llegado en 1878 tras inventar la bombilla incandescente, Edison era toda una celebridad al otro lado del Atlántico.

Ahora, rico y respetado, se había convertido en un astuto hombre de negocios, cuya empresa se propuso la instalación de centrales eléctricas completas tanto en Estados Unidos como Europa. Además, como Tesla, también era un adicto al trabajo, creía que dormir era una pérdida de tiempo, hasta el punto de decirle al Presidente de Estados Unidos, Coolidge, que dormía demasiado.

Ya en Nueva York, a Tesla se le confía la misión de ayudar a Thomas Edison a mejorar la calidad de la red eléctrica de la ciudad. El sistema, basado en la corriente continua, experimenta continuos “fallos”, averías, accidentes e incendios. Además de ser poco fiable, la red también se caracterizaba por ser muy cara. Mientras que, debido a las continuas caídas de tensión, la energía no podía transportarse a grandes distancias, lo que incidía en la necesidad de instalar una central eléctrica cada pocos kilómetros.

Trabajando codo con codo con Edison, Nikola Tesla no tardó en proponer una solución: adoptar la corriente alterna, la tecnología en la que venía trabajando desde el año 1882. Según consideraba, ayudaría a solucionar todos los problemas existentes en la red eléctrica de Nueva York. Pero Edison se negó categóricamente. Consideraba que “las ideas de Tesla son brillantes pero estrictamente inutilizables en la práctica”.

Pero la negación de Edison tenía sentido: adoptar la solución propuesta por Tesla obligaría a su empresa a revisar completamente su sistema industrial. Y a su fundador a renunciar a las regalías que recibía por sus patentes. Además, según mantenía, partiendo de un sistema de distribución con 5 cables (en lugar de 3 directos), la corriente alterna llevaría a un consumo mayor de hilo de cobre, aumentando significativamente los costes de instalación.

Pero la implementación de un sistema de distribución que utilizaba la corriente alterna requería conocimientos muy especializados de matemáticas y física. Conocimientos que Thomas Edison no tenía, por lo que empezó a ver a Nikola Tesla como un competidor peligroso.

Finalmente, en el caluroso verano de 1884, Thomas Edison finalmente se negó a adoptar la solución propuesta por Tesla. Sin embargo, le ofrece la posibilidad de trabajar con la finalidad de mejorar sus dínamos, prometiéndole una recompensa de 50.000 dólares si lograba desarrollar un sistema confiable.

Después de trabajar durante meses en este proyecto, casi todas las noches, a finales del año 1884 Tesla presenta a Edison las mejoras realizadas, reclamando su recompensa en el proceso. A lo que Edison se negó: “Usted que ahora es un verdadero estadounidense, debería saber lo que es una broma estadounidense”, le dijo, ofreciéndole únicamente un aumento de 10 dólares a la semana.

Escandalizado, Tesla abandonó inmediatamente la empresa para fundar la suya: Tesla Electric Light Company. Pero no tuvo la suerte esperada, ya que renunció dos años después, dejando todos sus ahorros y las regalías de sus patentes, ante la presión de sus inversores financieros.

Fuente: RSSMix.com Mix ID 8156608