lunes, marzo 4, 2024

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¡YA NO SÉ QUÉ HACER…!

Discernir sobre el ejercicio docente en territorio, implica reconocer que la labor docente desde lo pedagógico ha venido mutando, como lo hizo el virus que ocasionó la última pandemia. El docente, en su ejercicio diario en el aula, se ha visto enfrentado a nuevas exigencias que parten de la dinámica de la sociedad, con llevando a que cuestione el sentido de su actividad; de esta manera, el docente está invitado a evaluarse, ajustarse a reconstruirse, para lograr estar al ritmo de una sociedad que así lo hace; de no hacerlo, se convertirá en un ‘adorno’ del sistema educativo, que tan solo propende por realizar lo mínimo, para considerar su existir dentro de la comunidad educativa.

Quizás, un de los sentimientos que más surge en el docente, ha sido la ‘angustia’, que en el mejor de casos se mantiene, cuando todavía la ética profesional sigue vigente, cuando todavía el docente no ha entrado en un estado de ‘impotarculismo’ que lo lleve a realizar lo mínimo de su labor; así, que ese estado de emotividad nace por la impotencia ante no saber que hacer para devolverle a su educando  el interés por aprender…es cuando en medio de pasillos y conversaciones acompañadas con un café… escuchamos… ¡Ya no sé qué hacer…!.

A partir de lo anterior, podemos conjeturar que esto se da por la decadencia en el ejercicio docente; donde, se comienza con el olvido del sentido que tiene la planificación, como uno de los ejes que permite el desarrollo propicio de una clase; pero, a un más, cuando se olvida que no se debe pensar en dar lecciones o “enseñar”, si no el lograr crear verdaderas situaciones de aprendizaje (Cassany, 2021).

Así mismo, al surgir esta desmotivación en el docente, fácilmente se evidencia en su quehacer y será transmitida a su aprendiz; algunos dirán que es casi inevitable ante la frustración y el fracaso al pretender cambiar las conductas de niños, de adolescentes y hasta de acudientes, que poco (no todos) les importa la educación como un medio para cambiar su condición de vida; es por esto, que un docente cuando logra ser motivador, contagia entusiasmo por su clase, reconociendo el potencial (que todos tienen) de sus discentes al escucharlos, entenderlos y aceptarlos; logrando espacios de conversación sobre la materia u otros temas que permitan adaptar el currículum a cada grupo de estudiantes, para conectar con sus intereses e incrementar su motivación (Cassany, 2021).

De esta manera, surge la necesidad de construir aulas cooperativas que permitan una transición de lo individual a lo cooperativo, buscando un entorno de aprendizaje en equipo; para ello, también se debe luchar con el hecho de ‘hacerse entender’, pues, de que sirve poseer tanto conocimiento y no poderlo trasmitir, cuando el problema está en el uso del lenguaje, así, el hecho de saber comunicar se hace relevante para lograr que el educando se haga participe de una situación de aprendizaje.

Por otro lado, surge un nuevo “enemigo”, pareciera que la incorporación de la tecnología en el aula ha sido el mayor problema (no para todos afortunadamente), ya que, se ha caído en la prohibición como la solución; como lo diría Cassany (2021) al afirmar que “hay que usar en el aula las mismas herramientas que en la calle, en el trabajo o en casa. Es absurdo prohibirlas…pero está claro que hay que enseñar al aprendiz utilizarlas, por que funcionan de modo diferente en el contexto académico que en el ocio” (p.104).

Es de aclarar, que existen más factores que inciden en que el docente de hoy se vea abocado al ejercicio docente, desde una perspectiva poco alentadora, no obstante, se hace necesario reflexionar sobre esto, para ratificar que el docente en la actualidad necesita estar en un proceso de reconstrucción, que le permita estar a la altura de las exigencia de la sociedad a la que pertenece, manteniendo el sentido ético de su profesión y así, hacer de su vocación un estilo de vida que logre tener un sentido personal y social.

De esta manera, se descubre que, para lograr el propósito de ser orientador de procesos y espacios significativos de aprendizaje, se hace pertinente la constante lectura sobre pedagogía, pues, a veces se cree que “todo se sabe”, surgiendo preguntas hacia el docente como: ¿cuándo fue la última vez que leíste sobre pedagogía?, ¿cuál autor te ha hecho reflexionar sobre tus practicas docentes?, ¿cuál te ha dado idea de cómo mejorar tus prácticas en el aula? o ¿simplemente lo has hecho para alcanzar un título que te permita mejorar tu condición económica?; de esta manera, sentimientos de angustia, frustración y enojo, se irán alejando en la medida que el cambio se dé en los proceso de aprendizaje del docente, logrando que día a día incorpore, ajuste y construya nuevas formas de aprender y enseñar; pareciera que reevaluar los procesos de metacognición del docente y educando, sean el camino de lograr un cambio hacia un contexto de aprendizaje que mantenga el entusiasmo por enseñar y aprender…logrando devolver la importancia a la parte administrativa del proceso educativo (planificación, evaluación, búsqueda de información, actualización, construcción del currículum, etc.) y que sin ella, el docente no lograría un verdadero cambio en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

Por consiguiente, lograr que los “enemigos” se conviertan en “amigos”, como lo es el  hacer de la tecnología una herramienta que facilite y no ‘complique’ los procesos sería uno de los objetivos; pero ello implica el desarrollo de competencias docentes, que estén a la altura y sea el instrumento, para auspiciar ambientes más significativos para aprender y no para pensar en seguir aislando el educando del uso de herramientas que ya son cotidianas, tanto, para la comunicación como para el desempeño laboral; por ende, al combinar todo esto, se podría decir que se conseguiría paulatinamente un cambio de mentalidad, que propicie el cambio de actitud en el docente y en consecuencia en el discente, para que el quehacer docente parta de una motivación que le logre dar sentido a su ejercicio en el territorio.

Referencias

Cassany, D. (2021). El Arte de dar clase. Anagrama.

Facebooker. (s.f.). Consolidar los eventos históricos de la pedagogía a través de una línea de tiempo [imagen]. https://www.timetoast.com/timelines/consolidar-los-eventos-historicos-de-la-pedagogia-a-traves-de-una-linea-de-tiempo-adf1a6a8-6fb8-4eb9-9bc0-f65ab9e64a1b

Freepik. (s.f.). Profesor desperado [imagen]. https://www.freepik.es/fotos-premium/profesor-desesperado_4503603.htm

Fuente: Ricardo Rico Guzmán Masciencie

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